

Diablo IV
Sobre el juego
Diablo IV es el ARPG de acción y saqueo de Blizzard, ambientado en el Sanctuario más sombrío y opresivo de toda la saga. Sobre el bucle de siempre —matar demonios, recoger botín y afinar tu build— monta algo nuevo para la serie: un mundo abierto compartido por el que cabalgás entre regiones, te cruzás con otros jugadores en las ciudades y enfrentás jefes mundiales y eventos abiertos como las Mareas Infernales.
Arrancás eligiendo una de sus clases —Bárbaro, Hechicera, Druida, Pícaro, Nigromante y el Espiritado que sumó la expansión Vessel of Hatred—, cada una con árboles de habilidades, tablero de Paragon y aspectos legendarios que reconfiguran cómo se juega. No es un juego de una sola partida: la campaña, de tono adulto y buena producción, es apenas la puerta de entrada.

El corazón está en el endgame
El verdadero juego empieza cuando termina la historia. El endgame se sostiene sobre las Mazmorras de Pesadilla, la caza y subida de glifos, los niveles de dificultad crecientes y una progresión que premia el afinado milimétrico de la build. Es un looter accesible pero con techo alto: fácil de agarrar, exigente si querés exprimir los últimos porcentajes de daño.

Qué pagás y qué no
Diablo IV es Buy to Play: comprás el juego base una vez —sin suscripción— y las expansiones van aparte (Vessel of Hatred fue la primera). No hay pay-to-win: la tienda vende únicamente cosméticos con la moneda Platino, y cada temporada trae un pase de batalla —reformado como Reliquary— con tramos gratuitos y premium, siempre estéticos. Se consigue en Battle.net, en Steam y en Game Pass, además de PlayStation y Xbox.
Estado actual: vivo y por temporadas
El juego está Live y con soporte activo. Su ritmo lo marcan las temporadas de unos tres meses, que reinician el progreso estacional e introducen mecánicas nuevas cada vez: es el modelo de volvé cada temporada antes que el de jugar sin parar. La población respira a ese pulso —picos altos en cada estreno y valles entre medio—, así que casi siempre hay una buena ventana para (re)engancharse. El arranque fue sólido pero con un endgame flojo; la temporada Loot Reborn y la expansión Vessel of Hatred fueron el punto de inflexión que lo enderezó.

¿Para quién es?
Es una gran puerta de entrada al género y un placer para volver de a ratos: pulido, vistoso y muy cómodo de jugar solo o en co-op. El reverso: la itemización y el endgame, aunque muy mejorados, siguen siendo más directos que profundos, y el modelo estacional implica resetear el progreso cada pocos meses, algo que no le cae bien a todo el mundo. Si buscás la complejidad hardcore y la economía sin fin de un Path of Exile, este no es tu juego; si querés un looter accesible, brutal a la vista y listo para prender y apagar, Diablo IV cumple.
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